“Si hay que volver a echar una mano, lo haremos”

Gloria Cabero y siete médicos jubilados más han realizado labores de apoyo en Atención Primaria durante tres meses

BURGOS, 17 DE MARZO DE 2021. A mediados de noviembre, mientras disfrutaba de su merecido descanso en su vivienda de Venta de Baños, en la provincia de Palencia, Gloria Cabero recibió, como muchos otros compañeros, un correo electrónico del Colegio Oficial de Médicos. En él se pedía la colaboración de los galenos jubilados para apoyar a los profesionales del sistema público de salud ante el incremento descontrolado de casos positivos en COVID-19, lo que estaba generando de nuevo saturación, cansancio y desbordamiento en los profesionales sanitarios.

Cabero, a punto de cumplir cinco años en su condición de extrabajadora, no lo pensó dos veces y se puso a disposición del COMBU para ayudar en aquello que fuera preciso. “Sentía que podía aportar algo y que el momento requería que lo hiciera”, relata. Acudió a una reunión en la sede del COMBU en la que se les explicó qué se buscaba de ellos, cómo podían ayudar a aliviar la pesada carga de trabajo de los sanitarios y resolvieron sus dudas.

Y así fue como Cabero, junto a otros siete compañeros algunos de los cuales no conocía pese a una larga trayectoria como doctora en Burgos, formaron un grupo de apoyo en Atención Primaria que comenzó en los últimos días de noviembre a realizar labores “administrativas” en los despachos que les habilitaron en el Punto de Atención Continuada del Divino Valles. “Nos han tratado a capricho”, afirma. “Nos habilitaron a cada uno de nosotros una salita con teléfono y ordenador para tener acceso a los historiales médicos y nos encomendaron labores de seguimiento de contactos” estrechos con positivos de COVID, cuenta.

Cada uno de ellos tenía un centro de salud asignado, recibiendo los datos de aquellas personas que se encontraban en riesgo de ser nuevos casos por haber estado en contacto estrecho con algún contagiado. “En cuanto daban positivo, dejaban de ser nuestra ‘competencia’”, explica Cabero. Pero desde que estas personas conocían que habían estado junto a un positivo hasta que se confirmaba su contagio o bien se cumplía la cuarentena preventiva, eran Cabero y sus compañeros quienes se encargaban de “ayudarles. Quienes no lo han pasado lo desconocen, pero la cuarentena es muy dura, y hay gente que por circunstancias diversas ha enlazado varias de ellas. Son días duros en los que hay que tener mucha fuerza moral y parte de nuestra labor era estar en contacto telefónico con ellos para conocer su evolución y sus necesidades”, asegura Gloria Cabero. Igualmente, gestionaban sus altas y bajas laborales y otros procedimientos.

La labor de este grupo de ocho exmédicos ha sido muy bien valorada tanto por los pacientes como por los compañeros. “Me llamaban muchos que han sido mis compañeros durante años para, en primer lugar, entre sorpresa y broma, decirme que qué hacía trabajando. Y también para darme las gracias por ayudarles” en un momento tan crítico de la pandemia.

La labor de este grupo humano “encantador” en el que el buen ambiente ha sido notable permitió aligerar la carga de trabajo en los peores momentos, pero una vez que a finales de febrero se comprobó que los casos habían bajado y no era precisa su ayuda, se dio por concluida la segunda fase del ‘voluntariado’ de médicos jubilados (hubo durante la primera ola una experiencia similar en la que Cabero no pudo participar por un problema de salud), en la última semana de febrero. “Lo ideal y deseable es que no sea necesario que vuelvan a recurrir a nosotros”, afirma mientras cuida las plantas de su jardín. “Pero si la cosa empeora, sin duda que volveré a echar una mano”, concluye.

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