PROTAGONISTAS Dr Carlos García Girón: Vocación, investigación y compromiso al frente de la oncología burgalesa

LIDIA SIERRA/ BURGOS

No sabe si fue él quien eligió la Oncología o la Oncología quién le eligió a él. Pero tras más de 40 años dedicado a la misma, y haber ocupado gran parte de su vida, entiende que “sigue profundamente enamorado” de su gran compañera de vida. Quien porta tales sentimientos no es un médico más, es nuestro primer PROTAGONISTA; él es doctor Carlos García Girón.

Nació en Huérmeces, en el año 1955, y se siente “profundamente orgulloso” de haber nacido en un pueblo. De esa infancia guarda unas raíces y unos valores “que siempre le han acompañado” y que le han permitido “ser justo” en  la práctica médica profesional aportando profesionalidad, rigor, consuelo y justicia en las más de cuatro décadas en las que ha estado dedicado “en cuerpo y alma” a la especialidad oncológica que inició en el Burgos de los años 80 “cuando nadie o casi nadie sabía que hacía un oncólogo” y la palabra cáncer era un tabú casi impronunciable entre facultativos y pacientes.

Recién jubilado y desde la plaza que lleva su nombre en la localidad que le vio nacer hace ahora 70 años, repasa en un reportaje especial para el Colegio de Médicos de Burgos cómo ha sido “una vida dedicada a la Medicina”, a sus pacientes, a la ciencia y el desarrollo. 

“Ha sido un matrimonio sin disputas y sin divorcio posible”, afirma García Girón, consciente de que “no se equivocó” al cambiar la carrera hacia el sacerdocio hacia la Medicina tras haber pasado casi diez años en el Seminario de San José de Burgos. “Les di el primer disgusto a mis padres, pero luego les compensé acabando Medicina con buenas notas y con profundas amistades que aún conservo”, apostilla el facultativo, mientras recuerda esos “apasionantes años de  carrera” que le ayudaron a conocer otro mundo “distinto al que se veía en una ciudad de provincia como era Burgos”.

De Valladolid pasó al Hospital de La Paz de Madrid, no sin antes hacer la mili en Colmenar Viejo, tiempo en el que pudo conocer un poco más de cerca lo que se cocía en el Madrid de la Transición. “Cuando llegué a La Paz quedé maravillado. Allí bullía el capital humano, con más de  100 residentes cuando en toda España éramos cerca de  1300… Era una marea de voluntad, de ilusión, decisión, de salvar la sanidad pública. Me contagié como un veneno que me supo de maravilla”, asevera.

El doctor García Girón en la plaza que lleva su nombre en Huérmeces.

CÁNCER, TEMA TABÚ

Y precisamente, esas ilusiones fueron las que se trajo a Burgos cuando llegó en los años 80. “Era el único oncólogo de todo el hospital General Yagüe y reconozco que había incluso personal del hospital que confundía, al principio, mis funciones. Fui el único oncólogo de Burgos durante dos años, luego ya llegaron más”, afirma. 

En aquellos años el cáncer era un tabú y un innombrable entre familias, pacientes y algunos profesionales. Tal era la situación, confiesa, que “muchos profesionales competentes” en sus áreas no derivaban al paciente al oncólogo para que no fuera consciente de que tenía cáncer. “Era muy habitual que cuando tu ibas a ver un enfermo nuevo, la familia te contactara para que no le dijeras lo que tenía o le dulcificaras el diagnóstico”., explica García Girón.

“Yo les decía que se acabaría enterando, que el tratamiento era agresivo, que se le caería el pelo,  etc pero era una muralla que las familias aceptaran que esa persona tenía cáncer. Las cosas eran tremendas, había mucho desconocimiento”, rememora.

En pleno 2026, recordar aquello parece un sueño, pero confirma que fue real. “Creo que en estos más de 40 años he aprendido entre dos y cinco tipos de Oncología. Lo que hacemos en este 2026 nada tiene que ver con lo que se hacía en los 80, ni en los 90, ni en los 2000. Es una evolución total en conocimiento”.

UNA COORDINACIÓN MAGNÍFICA

Tras esos primeros años de impulso, García Girón conformó un equipo de especialidad oncológica que ha sabido ser referente desde Burgos y que “ha ayudado a miles de personas sin dejar a nadie en el camino”. 

“Yo recuerdo mucho eso que me dijo mi hermana cuando empecé. Me dijo: Carlos, trata a todo el mundo muy bien, recuerda cuando tu padre venía desde el pueblo a Burgos, a ventanillas, y tenía que volver porque no le habían atendido o no había entendido todo bien…y eso nunca lo he olvidado…”, sostiene emocionado.  Ese recuerdo le ha permitido ejercer la profesión “con honestidad y justicia, y otorgando a cada paciente el tiempo que fuese necesario para que no se fuera con dudas o se sintiera mal atendido”

Y en ese camino no ha estado solo. Lo que comenzó como un viaje en solitario, pronto tornó en un trabajo multidisciplinar en el que ha contado con el apoyo de todas y cada una de las especialidades médicas y quirúrgicas del hospital burgalés.  “Con los años se vió como la Oncología necesita de todas las especialidades y se dio una magnífica coordinación” que supuso un antes y un después para pacientes y personal médico-sanitario.

Fueron años de aprendizaje y de jornadas interminables de trabajo. “Uno sabía cuando empezaba su jornada pero nunca cuando acababa, porque al salir del hospital el trabajo y el estudio seguía…”, evoca García Girón, que volvería “una y mil veces” a apostar por una especialidad “extremadamente exigente” que le ha dado muchas satisfacciones y también momentos de gran dureza profesional. 

“Uno sale del hospital y piensa en el paciente en el coche, en la ducha, cuando paseas, cuando estás en el campo, porque se te ocurre una idea y aparece en el momento más inesperado”, añade.

UNA GRAN EVOLUCIÓN

Desde que empezara en el campo oncológico hasta su jubilación, el doctor Girón afirma haber vivido “muchas ontologías diferentes”. “La Oncología ha estado continuamente en evolución, se ha ido complicando tanto desde el punto de vista clínico, como terapéutico y mucho desde el tipo de vista de conocimiento en lo que se refiere al tema molecular y celular”.

Una complicación que también ha abierto la puerta a terapias y procesos que han sido un bote salvavidas para cientos de pacientes que hace décadas “no hubieran podido acceder ni por asombro, a los tratamientos, calidad de vida y procesos que en este siglo XXI existen en la sanidad pública”.

Así, el especialista explica cómo en estas últimas dos décadas uno de los avances “más importantes en el tratamiento del cáncer ha sido el desarrollo de las terapias dirigidas, que actúan específicamente sobre alteraciones moleculares presentes en las células tumorales”. A diferencia de la quimioterapia tradicional —que afecta tanto a células sanas como cancerosas—, estos tratamientos bloquean proteínas o genes concretos responsables del crecimiento del tumor, lo que ha permitido aumentar la eficacia y reducir efectos secundarios en muchos pacientes. Además, el progreso en la medicina personalizada, gracias al análisis genético de los tumores, permite seleccionar terapias adaptadas a cada persona, mejorando significativamente la supervivencia en cánceres como el de pulmón, mama o melanoma.

Otro hito a tener en cuenta ha sido la revolución de la inmunoterapia, que estimula el propio sistema inmunitario para reconocer y destruir células cancerosas. Medicamentos como los inhibidores de puntos de control inmunitario han logrado respuestas duraderas incluso en tumores avanzados que antes tenían mal pronóstico. 

De forma paralela, han mejorado las técnicas de diagnóstico precoz, la radioterapia de alta precisión y las terapias celulares como las CAR-T, que modifican células inmunes del paciente para atacar el cáncer. “Hoy podemos decir que todos estos avances han transformado muchos tipos de cáncer en enfermedades cada vez más tratables e incluso crónicas, aumentando notablemente la esperanza y calidad de vida de los pacientes”, apostilla un orgulloso García Girón.

POR Y PARA LOS PACIENTES DE CÁNCER

En sus más de cuarenta años de vida laboral, el doctor García Girón no sabría quedarse con un caso. “Han sido cientos pero todos con un denominador común: porque el enfermo oncológico es enormemente agradecido”. “Es consciente de la importancia de lo que tiene porque sabe que es un enfermo que vive bajo amenaza continua, esté mejor o peor”, asevera.

A tenor de esa terrible amenaza, el oncólogo siempre ha tenido una regla que ha sabido aplicar a cada una de sus consultas. “ Parémonos a pensar en las revisiones de enfermos que se ven una vez al año. Aunque el proceso haya remitido, y hayan pasado 4, o 6 años, hay que tener en cuenta que esa revisión es crucial porque de ella depende el enfermo, su entorno, su familia… y hay que dar mucha importancia a esa cita”, aclara el oncólogo que afirma “que nunca se puede hacer ese tipo de consultas con prisas o de malas formas. Hay que dar valor a ese encuentro tan importante”.

Quizás esa importancia que el doctor ha dado a esos encuentros, a esos pacientes, a las interminables jornadas en el Hospital General Yagüe, “donde muchas veces salía de allí a las 22 horas sin pasar ni siquiera por casa”, han convertido a este “paleto de Huérmeces”-como él mismo se define con cierta ternura”- en uno de los médicos más respetados y queridos de los últimos años en toda la ciudad de Burgos.

Sus pacientes, aquellos que sobrevivieron y los que no, de manos de sus familiares, siempre han tenido una química especial con ese hombre sencillo y de campo, “que trataba igual a un ministro que a un pastor”, y que nunca cesó en conseguir lo mejor para sus pacientes, aunque en demasiadas ocasiones en desenlace no fuera el mejor.

En ese camino también ha formado a decenas de médicos residentes a los que ha “intentado transmitir esa pasión por el trabajo bien hecho, por el sacrificio, el esfuerzo y las horas bien invertidas”. “Me los traía a mi pueblo y nos dábamos unos paseos que daba gusto”, rememora García Girón, consciente de lo importante que es ese capítulo “humano” en todo lo que tiene que ver con la Medicina.

Un capítulo, el de la humanidad, que sigue cultivando en cada uno de sus quehaceres. Ahora, ya jubilado, pero nunca apartado de su pasión, la Medicina.

Una Medicina a la que augura mucho futuro, pero sin olvidarse de “transmitir y de cultivar”. “Y no lo digo por decir. La Medicina hay que vivirla mediante los valores. No se puede entender una Medicina sin compromiso, sin humanidad, por mucha tecnología que venga…”.

El oncólogo afirma cree que sin humanidad no puede realizarse una buena práctica médica.

MÁS ALLÁ DEL PÁRAMO

Esta es la historia de nuestro PROTAGONISTA. La de un hombre sencillo, que se ha dedicado a lo que “mejor sabía hacer”. Impulsor y creador del Servicio de Oncología Médica del antiguo Hospital General Yagüe, posteriormente integrado en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU,  ha destacado no solo por su actividad asistencial, sino por la labor docente e investigadora, que le ha llevado a firmar casi 200 ensayos clínicos. En el año 2014 fue distinguido con el ‘Báculo de Oro’ por su aportación sanitaria y social a la ciudad de Burgos.

Hace unos meses, el 7 de diciembre de 2025, su localidad natal puso su nombre a la plaza en la se encuentra la casa familiar en la que nació y pasó los años más felices de su infancia, junto a sus padres y a sus hermanos. “Desde aquella puerta me asomaba y pensaba en ir más allá del páramo…” No hay duda de que lo consiguió.