JUNIO 2006-BURGOS/ LIDIA SIERRA
Hay profesionales de la Medicina que ejercen su profesión, y hay médicos que convierten su profesión en una forma de vida. La doctora Virginia Ruiz pertenece a esta segunda categoría: una oncóloga radioterápica que ha hecho de la ciencia, la escucha y la humanidad un mismo proyecto. Su trayectoria, construida durante más de tres décadas de ejercicio profesional, no solo habla de excelencia médica, sino también de una forma profundamente ética y humana de entender el cuidado. Además, es según FORBES una de las mejores médicas de España.
Hablar con la doctora Ruiz es descubrir que- detrás de la especialista reconocida por la revista Forbes como una de las mejores médicas del panorama nacional y la única que ostenta este distintivo en la provincia de Burgos- hay una mujer que sigue mirando la Medicina con la misma fascinación con la que observaba, siendo niña, al médico de cabecera entrar en su casa con un maletín lleno de instrumentos.
Aquella imagen quedó grabada para siempre en su memoria. “A mí aquello me parecía magia”, recuerda. Le impresionaba que alguien pudiera aliviar el dolor, entender lo que ocurría en el cuerpo humano y devolver la tranquilidad a una familia angustiada.
Ese asombro infantil acabó convirtiéndose en vocación. Pero también influyó otra experiencia más íntima y emocional: ver enfermar con frecuencia a su hermana cuando ambas eran pequeñas y observar la angustia de sus padres corriendo al hospital. Aquellas escenas despertaron muy pronto en ella la necesidad de ayudar precisamente en los momentos en los que la vida parece tambalearse.
Elegir el lugar más difícil
Virginia Ruiz eligió la Oncología porque le atraían los retos, y pocos existen mayores en el campo médico que el cáncer. Lo que realmente le sedujo fue la posibilidad de acompañar a las personas en uno de los momentos más vulnerables de sus vidas y poder ayudarles en todo el proceso con “la mayor humanidad posible”.
Pese a que la oncología suele percibirse desde fuera como una especialidad dura y a veces devastadora a nivel emocional, Ruiz entiende que “también es esperanza, alivio, avances científicos, curación y calidad de vida”. No es casual que en su conversación hable de pacientes “que hoy consiguen superar la enfermedad y de otros muchos que logran vivir más y mejor gracias a los progresos médicos”.
Y es en ese punto donde su trabajo como médico se hace más especial si cabe. “Creo en la capacidad de encontrar humanidad incluso en medio del sufrimiento. Muchas veces pienso que recibo mucho más de lo que doy”, afirma.
El día a día de la doctora Virginia Ruiz comienza muy temprano, y después de más de treinta años atendiendo a decenas de pacientes, sigue apostando por “una profesión increíble” que le ha dado mucho más de lo que ella ha podido dar. “Son ellos quienes me siguen enseñando cada día. Mis pacientes me recuerdan constantemente qué es lo verdaderamente importante”, aclara.
En una sociedad acelerada, donde lo urgente desplaza casi siempre a lo esencial, la oncóloga insiste en una idea poderosa: “no basta con añadir años a la vida; también hay que dar vida a esos años”.
Las heridas de una profesión de máxima responsabilidad
La trayectoria de la médico también está marcada por episodios difíciles que han dejado huella. Recuerda especialmente a una paciente que falleció en sus brazos mientras viajaba en ambulancia hacia el hospital durante sus años de residencia. “Hay escenas que un profesional nunca consigue olvidar”, confiesa emocionada.
También ha vivido el dolor de despedir a compañeros de trabajo convertidos en pacientes, una experiencia especialmente dura para cualquier médico. Y, como tantos profesionales sanitarios de su generación, atravesó años de inestabilidad laboral tras terminar la residencia en 1994, con etapas de desempleo e incertidumbre que pusieron a prueba su vocación.
A todo ello se suma otra batalla silenciosa: la conciliación entre la vida profesional y la personal. La sensación de no llegar del todo a ninguno de los dos lados y convivir con la culpa es una realidad que comparte con honestidad y sin artificios.
Humanizar la medicina
Pero si algo define la visión de Virginia Ruiz es su defensa constante de una medicina profundamente humana. Cree que no puede existir verdadera excelencia clínica si se separa el conocimiento técnico de la empatía. Para ella, recuperar y cuidar esa dimensión humanista es una de las tareas más importantes de la profesión médica.
“La oncología, además, la obliga a mantenerse en aprendizaje permanente. Aparecen nuevos tratamientos, nuevas herramientas y nuevas preguntas”, concreta la facultativo, que entiende que esa combinación entre ciencia y humanidad “mantiene intacta su pasión”.
No sorprende, por tanto, que el reconocimiento de Forbes lo recibiera con mezcla de orgullo y responsabilidad. Más que como un éxito individual, lo entiende como el reconocimiento a una manera concreta de ejercer la medicina: rigurosa, cercana y profundamente comprometida con los pacientes.

La confianza que necesita el paciente
Cuando se le pregunta qué necesita realmente una persona con cáncer además del tratamiento, Virginia Ruiz no habla primero de tecnología ni de fármacos. Habla de confianza. Habla de sentirse en buenas manos. Habla de profesionales capaces de acompañar sin minimizar el sufrimiento.
Así lo expresa en su libro ‘Tu historia no acaba aquí. Avanzar tras un diagnóstico oncológico’. Un texto concebido como una guía clara y serena para orientar a los pacientes y sus familias durante todas las etapas de la enfermedad: desde el diagnóstico hasta los tratamientos, los efectos secundarios, la supervivencia e incluso el final de la vida.
La obra también aborda las pseudoterapias y reflexiona sobre el futuro de la oncología, pero, sobre todo, nace de una necesidad muy concreta: ayudar a entender. Poner algo de orden y de luz en un territorio que irrumpe de golpe y cambia la vida de quienes lo atraviesan.
Quienes conocen a Virginia Ruiz destacan no solo su preparación médica, sino su capacidad de escucha, claramente reflejada en un libro que comenzó a escribir hace diez años y que durmió durante años en un cajón antes de ver la luz. En una especialidad donde el miedo, la incertidumbre y el dolor forman parte del día a día, ella ha convertido la empatía en una herramienta terapéutica más.
Quizás ese sea su mayor recompensa. Ruiz no solo trata enfermedades. Ayuda a las personas a atravesarlas sin perderse a sí mismas en el camino. Y quizá ahí, precisamente ahí, reside la grandeza de una de las mejores médicas de España.
