Revista digital


El mes de agosto estaba mediado y en las agencias de viaje se agotaban las posibilidades de combinar días y vuelos a nuestro gusto. Había una oferta a Croacia que parecía interesante por cuanto aunaba unas buenas condiciones económicas  con un turismo variado de mar y playas, ciudades y pueblos históricos, algunos de gran fama, e incluso algunos parques naturales llenos de cascadas y bosques.

 

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Después de comprar una guía turística (de Anaya, Tres D ) llena de fotografías y esquemas del país y de hojearla durante media hora, la decisión estaba tomada.
El primer inconveniente surgió cuando a pesar de tener a nuestra disposición diez días de vacaciones, los vuelos tanto de Madrid como de Barcelona a Croacia se realizaban solamente en un día determinado de la semana, por lo que la estancia debería ser de una o dos semanas completas. Optamos con todo dolor por una semana, aunque a cambio recibimos la grata noticia de que se podía hacer la ida a una ciudad (Zagreb en el norte o Dubrovnik en el extremo sur) y volver desde la otra. De este modo el recorrido podía ser lineal y no circular y permitía ver mas cosas. También existía la posibilidad de viajar por nuestra cuenta en un coche de alquiler y no cerrar la contratación de hoteles.
En algún lugar de la guía explicaba que a lo largo de la costa del Adriático los pueblos estaban lleno de carteles alquilando habitaciones. La palabra clave en cuestión era “SOBE”, aunque también solían anunciarse en alemán (zimer).Decidimos probar este sistema y si no nos iba bien buscar hoteles. A pesar de ello para la primera noche en Zagreb a la que llegábamos a las 22 h. reservamos hotel, y igualmente para la última de Dubrovnik.
El coche que pedimos fue el más barato que tuviera aire acondicionado, pensando que en agosto y en la costa del adriático haría calor. Acertamos de pleno. Algunos días en el sur fueron de altas temperaturas y por otra parte no se puede conducir a mas de 80 en las carreteras normales y a 120-130 en autopista. El Seat Ibiza cumplió a la perfección.
No llegamos a tener antes del viaje una idea de la moneda y de su valor por lo que partimos solo con euros.
El vuelo cruza el Mediterráneo y el norte de Italia, el litoral del Véneto italiano y después Istria. Notamos que al anochecer las luces que se veían en Italia al paso por las ciudades y pueblos , casi desaparecieron en Croacia . El aeropuerto pequeño de Zagreb tenía agencia de cambio de dinero y agencia de rent a car y en 15 minutos estábamos preparados para ir a la ciudad.
La ciudad de Zagreb es tranquila, señorial en sus barrios centricos con calles amplias y construcciones clásicas de 4 ó 5 pisos. Tiene amplios espacios en los que se encuentran los edificios públicos más importantes como el teatro nacional, el pabellón de arte, varios museos, etc. Pero en realidad no es una ciudad turística. Solamente la ciudad alta merece una visita mas detallada, debiendo subir por alguna de las escalinatas a un conjunto de calles antiguas de no mucho interés. En este barrio hay dos iglesias que visitar (San Marcos y santa Catalina) y desde alguna terraza se tiene una buena vista de la ciudad baja .En la colina de enfrente se emplaza la catedral neogótica, reconstruida después del terremoto de 1880, con dos campanarios terminados en agujas de 105 metros de altura que recuerdan por su silueta a los de Burgos, aunque mas estilizados.
   A los lados de la catedral hay bastiones circulares que corresponden al palacio arzobispal.
  Entre las dos colinas hay una plaza en la que se asienta un mercado.
En la ciudad baja, junto a las rampas de subida a las colinas, se encuentra la plaza mas animada de Zagreb, con una estatua de un caballero (a caballo) con un sable curvo en la mano derecha  y tocado con un gorro balcánico y capa.Es el Ban Josipa Jelaci´ca que da nombre a la plaza. La realidad es que nuestro desconocimiento sobre la cultura croata y eslava en general es tan grande, que durante todo el viaje los nombres de las personas importantes de su historia, artes y  literatura nos resultan absolutamente desconocidos e impronunciables.
La ciudad nos ha resultado más bien pequeña y algo provinciana como correspondía a su anterior estatus de ciudad de provincias del imperio austro húngaro, careciendo de la grandiosidad de Viena y Budapest y de las grandes ciudades europeas. Es agradable pero nada más.
Tomamos el coche buscamos la autopista hacia Rijeka (hacia el oeste) puerto del Adriático. La carretera discurre por un paisaje absolutamente verde (¡en agosto!) que progresivamente al alejarnos de la ciudad se convierte en un bosque impenetrable, sin que se observen campos abiertos de labor, ni granjas o pueblos. No se ven ganados, y el suelo son colinas arboladas.
A mitad de camino la autopista se reduce a un solo carril, por que aún no han abierto el otro sentido. No obstante el recorrido cada vez es mas artificial con grandes puentes y túneles, lo que nos hace pensar que antes de esta media autopista habría sido un camino lento y muy retorcido .Pasamos el último túnel y de pronto a nuestros pies vemos el mar y en frente una isla (el extremo norte de la isla de Cres) y hacia el sur otra (Krk, en la que, por cierto, se encuentra el aeropuerto de Rijeka). Abajo se extiende Rijeka, pero los barrios altos de esta ciudad son horrorosos, con bloques desperdigados a media ladera, de aspecto pobretón y aislados del centro.
Sin detenernos seguimos viaje hacia la península de Istria.
La guía recomienda una parada en un pueblo en el centro de la península llamado Pazin. La realidad es que esta enclavado en lo alto de la confluencia de dos barrancos, contando con un castillo- museo poco interesante.
Seguimos camino hacia el oeste, llegando al primer pueblo costero que visitaremos: Porec  (pronunciado Porech).
El pueblo, como muchos de los que veremos en la costa, esta situado ocupando toda una pequeña península con un istmo estrecho. Resulta bastante plano, con un ambiente de turismo veraniego internacional muy intenso. Las calles principales se corresponden con el “cardum” y el “decumanus” de la antigua colonia romana, y tanto estas calles como las adyacentes están llenas de tiendecitas de todo tipo que invitan al paseo relajado mirando sus ofertas. Entre ellas la vista tropieza a veces con una balconada gótica veneciana. o unos arcos antiguos interesantes.
En una de las calles transversales encontramos una auténtica joya arquitectónica: la Basílica de Porec, construida en la primera edad de oro bizantina en el siglo VI por el obispo Eufrasius.La callecita que traemos desemboca en el patio de la basílica porticado o atrio. A la izquierda de nuestra entrada se encuentra el baptisterio, y en frente de este la iglesia , cuyo ábside está decorado con espléndidos mosaicos de predominio dorado.Curiosamente el centro de la escena lo ocupa la virgen con el niño, y no el pantocrator inefable que ocupará dicha posición en todo el románico europeo.La razón es que se levanto tras el concilio de Constantinopla (552dC) en el que se proclamó a María madre de Dios.
El paseo por este precioso pueblo permite ver el mar por los dos lados del istmo.
Tras dormir en una casa con “sobe”en el campo seguimos hacia el sur de la península de Istria, salvando la carretera la entrada de un fiordo que es parque marino y de aves.
Llegamos al pueblo llamado Rovinj (pronunciado Rovini). 

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Hoy en día es otra pequeña península que en tiempos fue una isla muy próxima a la costa. El canal fue rellenado y ahora es un istmo. Actualmente la parte continental de la ciudad ha crecido y es un centro turístico importante .El lado sur de la costa está lleno de restaurantes y terrazas desde donde se puede comer y cenar mirando la pequeña península  con las casas hasta la línea del agua y coronada con una torre de iglesia.
Los menús están llenos de pescados y no se en que momento hemos aprendido a pedir cerveza:”Pivo”. Es buena y se sirve muy fría .Sobre la puerta de entrada del casco antiguo vemos el León alado de San Marcos. Venecia tuvo su momento en este lugar.
Por cierto que los italianos casi lo siguen considerando suyo. Están por todas partes y hablan directamente en italiano siendo comprendidos.A nosotros en principio nos confunden con italianos Y no con alemanes, ingleses,  franceses, pero algún camarero listillo nos pregunta si somos españoles.Tanto Tere como yo somos morenos de ojos oscuros y talla media .Preguntado un camarero como distingue a los españoles de los italianos se ríe con picardía y nos trasmite su gran secreto: las mujeres españolas llevan pendientes de perla o medias perlas, las italianas ,no.!! Miro a mi mujer y sus pendientes, ¡increíble!.
El ambiente turístico del pueblo es estupendo y paseamos después de cenar como si estuviéramos en España. La noche cálida del Adriático nos envuelve mientras una mar casi dormida susurra levemente.
El viaje continua hasta el extremo sur de Istria  y llegamos a Pula. Y Pula es sinónimo de anfiteatro. De pronto cree uno que algún genio travieso hubiera robado la noche pasada el coliseo de Roma y lo hubiera puesto en esta pequeña ciudad, junto al mar. Tal vez sea igual o quiza algo menor que el de Roma, pero creedme que en este lugar modesto, sin presidir el enorme foro, resulta impresionante. Tres filas de arcadas y una capacidad para 23000 personas  (parece que el auditorio futuro de Burgos contendrá unas 2000).Construido por Augusto (55) y ampliado por Vespasiano (69-79).
La ciudad tiene un arco del triunfo, un teatro romano, un museo  y el mar, pero todo eso cuenta poco ante la presencia magnífica del anfiteatro.

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De vuelta hacia Rijeka por la carretera costera se puede ver el norte de la isla de Cres. La costa es muy escarpada .Según nos vamos acercando a la localidad de Opatija  el terreno se va haciendo algo mas suave y empiezan a sucederse una serie de caletas rodeadas de casas de recreo. El pueblo de Opatija  cuenta con una serie de hoteles y de villas de un cierto lujo, con jardines y flores, y calas en las que los árboles llegan hasta las orillas. Las playas son de guijarros en todos los casos. La impresión es de tratarse de un lugar un poco anticuado. Al parecer era un balneario muy afamado y caro en los inicios del siglo veinte.
Cruzamos Rijeka, en esta ocasión, por su paseo marítimo, y solamente en el centro de la ciudad los edificios son importantes y se nota la importancia como puerto marítimo.
Por el contrario la salida hacia el sur es de lo más deprimente dado el gran número de industrias, refinerías, astilleros y zonas industriales sucias, anticuadas y grandísimas. Es posible encontrar una caleta apacible rodeada de industrias terroríficas .Decidimos marcharnos de la costa y volver a trepar al macizo paralelo a la misma con el fin de acceder al parque nacional de Plitvice. Nada mas coronar la alta y seca sierra litoral, apenas perdemos altura, viajando por unas mesetas y valles altos verdísimos y preciosos donde se alternan los bosques con praderas de tipo alpino y colinas verdes.

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El parque de Plitvice tiene dos entradas con grandes aparcamientos y casas de recepción restaurantes etc .Hay que pagar una entrada por cada día de estancia en el parque. Nosotros entramos por la entrada que da a la parte baja del río (la nº 2 norte).Teníamos algunas horas de luz de la tarde y nos aconsejaron ver primero las cascadas inferiores. Al poco de tomar el camino existe un mirador desde el que se ve un cañón, que corta el terreno y  cuyo fondo es una sucesión de lagos grandes y pequeños, en escalones, con cascadas que caen de unos a otros y de varios colores desde el azul intenso , al turquesa y verde. Enfrente  otro arroyo se despeña en una cascada muy alta. Todo lo que no es agua, es un bosque verdísimo y muy espeso en el que predominan las hayas. Paseamos por el borde de los lagos y llegamos hasta la cascada más alta.
En la carretera que lleva al parque y en los caminos que salen de ella hay casa rurales salpicando un paisaje ajardinado de praderas y bosquecillos .El paseo nocturno en dicho lugar resultó encantador, así como los caseros que nos alojaron. También hay hoteles e, con pinta de caros por cierto.
Al día siguiente muy temprano comenzamos la visita desde la entrada central. Tomamos un trenecito eléctrico que circula por un hayedo de cuento de hadas. Entre los árboles se ven diferentes estanques y lagos, así como cascadas grandes y pequeñas. Desde el lago más alto comenzamos a descender andando por un sendero precioso que va recorriendo las orillas del río y las separaciones entre los lagos (por encima y por debajo de cada cascada o escalón. Dentro del bosque hay pequeños estanques de aguas limpísimas llenas de truchas, de color esmeralda y con docenas de cascadas de todas las formas y tamaños. Estuvimos bajando unas tres horas, y a media mañana empezaba a hacer calor. Finalmente se llega a un lago grande y azul que hay que atravesar con un barco eléctrico hasta unas praderas al otro lado. Allí hay una zona de picnic  y desde allí se continúa río abajo aunque desde este punto el río se encañona hasta llegar a la parte baja que habíamos visitado la tarde anterior.
En todos los lugares el bosque es impenetrable.
Como comentarios prácticos, en primer lugar salir a primerísima hora para evitar el calor y la gente. Llevar varios carretes de fotos pues todo es poco para la belleza del lugar. Se puede comer en la pradera del barco, pero también se puede llevar algo de comida y bebida. Es mejor ir en tren hasta lo más alto y bajar andando, que lo contrario. La gente que iba subiendo, a medio día tená un aspecto de gran fatiga..La visita de este parque es obligada en el viaje a Croacia, nadie saldrá defraudado.
Desde Pitvice (Se pronuncia Plitviche) volvimos hacia el Adriático de nuevo .La bajada desde la meseta hasta el mar es a través de un túnel y posteriormente de un puerto terrible .La vista que se tiene desde las vueltas y revueltas de bajada hacia Zadar es impresionante, y de nuevo al coronar la cresta y dar la cara al mar se acaban los bosques  y solo queda una ladera bastante seca de tipo mediterráneo y de piedras blancas.
El centro histórico de Zadar se extiende en una península paralela a la costa formando con ésta un puerto natural. Ilirios, griegos, romanos y dálmatas han poblado esta ciudad ,capital bizantina de Dalmacia. Sometida posteriormente por la república veneciana en varias ocasiones y recuperada por húngaros y croatas en otras tantas. Las murallas romanas fueron levantadas por Augusto, llamándose la ciudad por entonces Iader. Después pasó a llamarse Zara, en la época en que los turcos llegaron hasta el otro lado de las montañas. Posteriormente volvió a ser veneciana hasta la caída de dicha república en 1797. Posee un foro romano, un conjunto catedralicio románico, baptisterio con hermosas pilas bautismales románicas igualmente y la iglesia de San Donato prerrománica. La plaza principal o Nacional lo es desde el renacimiento, rodeada de edificios singulares.
Siguiendo con nuestro viaje hacia el sur llegamos a Sibenik, ciudad recomendada pero de poco interés a mi juicio.Resulta un tanto destartalada, con cuestas pronunciadas, ambiente muy populachero y muy poco turístico. Posee una iglesia –catedral muy curiosa con un tejado de bóvedas de medio cañón hecho con placas de mármol y cúpula en el mismo material. La plazuela donde está la entrada es agradable, y la decoración exterior llena de cabezas de angelotes renacentistas. En el exterior está rodeada por callejuelas en las que de vez en cuando un edificio interesante sobrevive entre otros simplemente viejos y deteriorados. Lo más interesante de este lugar es ser la puerta de entrada a otro parque natural cercano: las gargantas del río Krka. Dejando la ciudad y la costa hacia el interior, a pocos kilómetros se llega al parque, donde hay un gran aparcamiento. Desde allí y en autobuses del parque se baja por la pared de una garganta en cuyo fondo está el río. De forma parecida a Plivice, el río en este punto discurre de forma escalonada, formando en cada escalón un estanque o pequeño lago desde el que el agua cae al siguiente por diferentes cascadas. Un sendero, a veces a base de pasarelas va realizando un recorrido completo, visitándole unos antiguos molinos. Aguas arriba se puede realizar una excursión en barco al lago que está por encima de este tramo, y en dicho lago visitar un monasterio situado en un islote arbolado en el centro del lago.Aguas abajo, al final del parque, la última y mas espectacular cascada tiene premio, se permite el baño en la laguna que forma y creedme que en un día de calor nadar en las inmediaciones de las caídas del agua es estimulante y maravilloso.

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Las gargantas del Krka tal vez después de Plicvice puedan parecer de menor rango, pero la realidad es que también son bellísimas y no deben dejar de visitarse.Puede hacerse en una mañana y se puede comer allí .foto5
Vueltos a la costa y siguiendo rumbo sur llegamos a Trogir. No hemos dicho hasta ahora que en un pais con mas de 5000 kms de costas (si se suman a los mas de mil de costa continental, los de las islas) no hemos encontrado una sola playa de arena.Por lo general los pueblos costeros aprovechan pequeñas penínsulas o recovecos, puertos naturales etc.Las playas, a veces con arbolado de pinos hasta el agua y calas muy bonitas, son de piedras o gravas que producen un dolor de pies importante. Suele haber plataformas de hormigón con escalerillas para tomar el sol y acceder al mar. En los mercadillos locales venden zapatillas de goma con una suela algo fuerte para ir a la playa, y todos las llevaban, (menos nosotros).La carretera costera va muy cerca del mar y es posible parar casi en cualquier lugar a darse un baño. Se circula a 60 -80 por hora, pero se puede disfrutar del paisaje. Tambien conviene decir que hay tal cantidad de islas frente a la costa que a veces no da impresión de estar junto al mar, sino mas bien en un embalse de aguas calmas y grises, perdiendose el azul del mar abierto.Cuando se abre un hueco entre las islas el horizonte lejano vuelve a poner las cosas en su lugar.
Trogir es una antigua ciudad fundada por los griegos y ocupada posteriormente por los romanos (Tragurion ) Bizantina hasta el siglo XI, veneciana a partir de 1420.
Está emplazada sobre un islote, y lo que mas destaca es la homogeneidad y la armonía de sus edificios con multitud de edificios románicos civiles, palacios, monasterios.
La catedral de San Lorenzo es un edificio importante de principios del siglo XIII entre románico y gótico, con un alto campanario de varios estilos. El pórtico es muy interesante siendo una obra maestra del románico.La capilla de San Juan encarna el espíritu del renacimiento contando con 160 rostros esculpidos en la piedra.
La plaza exterior de la catedral Reune edificios singulares de todos los estilos siendo uno de los lugares mas agradables de visitar: el ayuntamiento con fachada renacentista y una escalera gótica en el patio,La logia del siglo XIV y otros dos palacios renacentistas.
A pocos kilómetros se encuentran las ruinas de la ciudad romana de Solona, descrita por Estrabón (los romanos llamaban a sus paisanos por el mote, en este caso “el bizco” o estrábico) como el puerto de los dálmatas.
Actualmente el estado es de ruinas, contando en su esplendor con un foro, teatro, anfiteatro, termas etc.
Entre Trogir y la cercana ciudad de Split ocurre lo ya indicado de encontrar algunos pueblos encantadores con sus playas con pinos, y al lado centros industriales y refinerías enormes y terribles. Es la más desconcertante convivencia de intereses que he visto en mi vida.
Split en eslavo, la antigua Aspalathos griega y Spalatum romana de donde llegamos al conocido Spalato italiano. Es una ciudad grande y de buen aspecto, heredera de Solona que ha pasado por todas las vicisitudes descritas para otras ciudades. La realidad turística de Split gira en torno al palacio romano del emperador Diocleciano rodeado de una enorme muralla y de planta rectangular, se encuentra frente al mar. La puerta Aenea que da al muelle da entrada al recinto a través de unos sótanos de gran amplitud. Atravesándolos se sube por una escalera al peristilo o patio descubierto y rodeado por columnas que constituye el centro del palacio. A nuestra derecha queda la catedral que no es otra cosa que el mausoleo romano del emperador, conservado en magnífico estado. Delante de la entrada hay una torre de seis alturas con ventanas en arcos románicos. Este lugar es uno de aquellos en los que el visitante quisiera captar y guardar en el recuerdo sin perder detalle, así como la plaza de Trogir. Rodeando el peristilo hay un dédalo de callejuelas bien trazadas y conservadas con edificios de piedra homogéneos, llenos de detalles interesantes. En la salida occidental del recinto del palacio se encuentra la plaza nacional con el ayuntamiento, el palacio Karepic renacentista, el palacio Pavlovicy una casa torre románica en la que esta colocado un reloj. El conjunto es precioso y la autenticidad total. También las callejuelas de fuera del recinto romano tienen encanto y el paseo es agradable.
Cada vez mas, las laderas montañosas paralelas a la costa estan mas cerca del mar, formándose una franja costera estrecha, con un paredón montañoso seco y blanquecino. La impresión de aislamiento de estas tierras con relación al interior de la antigua Yugoeslavia (Bosnia en este lugar) es enorme.
Las calas se suceden así como los pueblos agradables. Paramos a comer en uno llamado Makarska.Tiene un agradable paseo marítimo, un núcleo antiguo que ocupa una península en cuyo punto mas alto está el cementerio de mejores vistas marinas que he visto en mi vida. Del lado norte del istmo se abre una bahía con playas y pinares.
Siguiendo al sur tropezamos con un puerto Opucen que tiene transbordador a la península de Peljesac que es el paso obligado para visitar la isla de Kórkula .El paseo marítimo de una hora es delicioso, llegando al puerto de Trpanj. Desde allí cruzando la cresta montañosa de la península llegamos a una zona muy turística Orebic. Tomamos un segundo barco, esta vez habiendo dejado el coche en el pueblo y en media hora llegamos al pueblo de Korkula. El viaje discurre entre islotes al atardecer. La vista del cerro (una nueva pequeña península) amurallado y con el caserío medieval y renacentista es impresionante por su belleza Tras penetrar en el pueblo por una puerta con el león de San Marcos veneciano lo recorremos, con sus calles en cuesta y su plaza en lo mas alto llenos de encanto. Al parecer Marco Polo nació aquí cuando este pueblo pertenecía a la república de Venecia.El comerciante veneciano que llegó a ser primer ministro en China, fue responsable  entre otras cosas de que la pasta se considere italiana y no china, de la introducción del papel y de la pólvora.
La escapada de la carretera costera ha merecido la pena.
La carretera desde Orebic a Dubrovnik es de lo más enrevesado y la recorremos de noche para llegar por fin al destino final: Dubrovnik. La antigua Ragusa. 
Cuando al día siguiente por la mañana rodeamos las enormes murallas y entramos en la ciudad por la puerta opuesta al puerto, llamada puerta de Pile, comprendemos que en realidad el viaje hubiera merecido la pena solo con visitar Dubrovnik .Nada mas traspasar los altos muros nos encontramos con una plaza que se continua en una calle ancha y absolutamente uniforme en cuanto al estilo arquitectónico de sus edificios, entre los que hay un importante número de edificios monumentales. Estamos en la calle principal de la ciudad, llamada Placa o Stradun, construida a raíz del terremoto de 1667 de manera que todas las casas de los comerciantes de la época siguen el mismo patrón barroco, la misma ordenación y altura.
En primer término nos encontramos con una fuente monumental de piedra dorada, y poligonal, con una cúpula en piedra de la que brotan 16 caños de agua de las 16 cabezas esculpidas. El agua llega de un lago situado a 12 Kms .siendo construida por el arquitecto napolitano Onofrio de la  Cava Los edificios correspondientes al convento franciscano, el de Santa Clara y la iglesia de San Salvador se suceden, pero el ambiente renacentista de la calle, junto al propio de las gentes que en ella nos encontramos es superior a todas las demás sensaciones.
Al fondo de esta maravillosa calle se abre un espacio que forma la plaza de la  Luza  o logia que constituye el centro con una entrada que da al puerto. En ella se encuentran la torre del reloj, el palacio del ayuntamiento, La iglesia de San Blas y el palacio del rector. También hay aquí otra fuente y una columna con la estatua de Rolando. Curiosamente su antebrazo de 51´2 cms. De largo servía de patrón de medida a los mercaderes y fue bautizado como “el codo de Dubrovnik”.Los arcos renacentistas, las ventanas ojivales venecianas y los adornos en los edificios proliferan, siendo el conjunto de una uniformidad absoluta sin que nada rompa la ilusión del viaje en el tiempo. A los dos lados de la Placa la ciudad se encarama por dos colinas, trepando las callejas hacia las alturas. Todas las calles estan llenas e lugares de restauración y comercios. Es muy interesante el paseo por las murallas que rodean por completo la ciudad adaptándose al terreno, trepando por las laderas de las colinas, lo que permite tener una vista excepcional desde lo alto. El puerto es pequeño y coqueto dando vista a una pequeña isla que lo cierra.
Pocos conjuntos me han impresionado tanto como callejear por la antigua Ragusa.
Al llegar el atardecer las terrazas ocupan las plazas y se extiende por la ciudad el olor de las distintas cocinas, así como el sonido de los músicos callejeros  o pagados por los restaurantes. El jazz, la música clásica, la tradicional, o la ligera, se suceden de plaza en plaza  acompañándonos en el paseo. Los edificios se iluminan y la gente se posa en las diferentes terrazas según sus gustos gastronómicos o musicales. La noche mediterránea, una vez más, nos envuelve con su calidez y su alegría, lo que a nosotros gentes meseteñas nunca deja de encantarnos. 
Dos días en Dubrovnik y una mañana libre y con el coche antes de tomar el avión. Siguiendo la carretera costera hacia el aeropuerto (el sur), a solo uno o dos kilómetros de la ciudad se tiene la vista mas espectacular de la misma desde la  gran altura del acantilado habiendo dos o tres balcones donde dejar el coche un momento y hacer las últimas fotos .(foto6)
Poco después encontramos la desviación al pueblecito de Cavtat. Conviene no perdérselo. Ubicado en una valla paradisíaca por cierto llena de yates de tres pisos (impresionantes), nos permite bañarnos placidamente en sus aguas cristalinas.
Mas al sur se aprecian bosquecillos de cipreses en los montes.
A unos 8 kms está el pequeño aeropuerto donde dejamos el seat ibiza, cambiamos la moneda sobrante y facturamos.
Estamos contentos de haber conocido un país nuevo y sorprendente, con historia, naturaleza, arte, mar, parques naturales y gentes abiertas al visitante.
Si os animáis a ir por allí, ¡ya me contareis!

Antonio Box Sinis
 

 

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